Los almaceneros en tiempos de pandemia

Por Vanesa Ruiz | Centro de Almaceneros Autoservicios y Comerciantes Minoristas de Córdoba

La inédita situación sanitaria, que desde hace más de una año atraviesa el mundo y cuyos efectos económicos repercutieron con mayor dureza en los países en vías de desarrollo, no permiten divisar en Argentina, un panorama claro, sobre la economía y sobre la real problemática social. Desde hace un año, se aplican medidas emergentes y paliativas, que sirven para un momento determinado, como el IFE, ATP, refuerzos de planes sociales, diferimiento de pagos, control de precios etc. Pero hoy, el futuro no se proyecta ni a mediano ni a largo plazo – reacción lógica para individuos/as que atraviesan una situación inédita que pone en riesgo su vida a diario – pero que un Estado no puede permitirse, porque pase lo que pase seguirá existiendo.

Argentina sufre la fiereza de la segunda ola de contagios del COVID-19; pero padece además de un crecimiento exponencial de la pobreza estructural; de una sangría de empleo – que se escapa de la prohibición de despidos extendido hasta el próximo 31/05 cada vez que una empresa, una PyMe, o un comercio quiebra – tiene sobre si, la insensatez de quienes se oponen a medidas restrictivas -preventivas sanitarias, pero que al mismo tiempo reclaman que la “pandemia se escapa de las manos”; tiene en sus entrañas la indolencia de los monopolios, que esconden los alimentos esenciales (en su mayoría commodities) a la espera que el dólar pierda la calma, que con una mano firman “acuerdos de precios”, mientras que con la otra modifican el packaging o el peso de sus productos para evadirse del mismo; la inseguridad (que no deja de ser en muchos casos un efecto colateral de los otros males) acecha, casi como otra epidemia.

En lo que respecta al comercio de Córdoba – que según el Departamento de Estadísticas y Tendencias de nuestro Centro de Almaceneros, Autoservicios y Comerciantes Minoristas de Córdoba, perdió en los últimos 12 meses 1.527 unidades (solo en distrito Capital) – soporta aún además de los coletazos de las restricciones pasadas y el temor de las que pudieran venir, la soledad de asistencia, la presión tributaria, el cambio de hábitos de consumo, la pérdida de venta en volumen y todas las incertidumbres mencionadas.
Pero no todo está perdido, aun cuando nuestro país no tenga las enormes “espaldas” de los países del primer mundo para surfear esta inusual crisis global, tiene en su haber la superación de muchas, y en cada una de ellas aparecieron nuestras clásicas virtudes argentinas: solidaridad, empatía, escucha, diálogo… No puede fallar, ¡Las hagamos resplandecer!

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