¿Feliz día de la industria nacional?

Por Carlos Sosa | Gerente de la empresa de base tecnológica RAXION S.A.S. | Dr. En Física especialista en Física Nuclear | Prof. Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la UNC | Investigador Postdoctoral de CONICET | Prof. Centro Universitario de Tecnología Nuclear
carlos.sosa@unc.edu.ar

El 2 de septiembre de cada año se celebra el Día de la Industria Nacional, rememorando la primera exportación argentina hace más de 400 años. En esa ocasión un barco partió desde Buenos Aires con rumbo a Brasil llevando en sus bodegas tejidos y harina producidos en la próspera Santiago del Estero. Es decir, materias primas escasamente procesadas desde un punto de vista de las tecnologías modernas.
Hace 400 años el territorio argentino le vendía al mundo productos de la agroindustria. Por aquellos días se miraba al cielo para predecir si el año en curso sería productivo o desataría un desastre económico. Hoy, casi medio milenio después, salvo contadas excepciones, los argentinos seguimos mirando al cielo y al precio internacional de los commodities (palabra aggiornada para definir las materias primas cuyo valor se rige por la especulación financiera) para saber si tendremos dinero para repartir o nuevamente caeremos en la desgracia de distribuir miseria.
La industria nacional, con sus idas y vueltas, ha estado siempre enfocada en la agroindustria: la producción de granos y carnes para un mundo con población en crecimiento y ávido de cualquier cosa que pueda engullir sin perder valioso e irrecuperable tiempo. De esta manera, con el respaldo que brinda un territorio gigante para apenas un pequeño grupo de individuos, los argentinos nos hemos dormido en los laureles que progresivamente se están deshidratando y poco a poco se convertirán en tallos duros y ásperos.
Hay regiones del mundo donde se está desarrollando la agricultura en zonas desérticas, con riego artificial mediante la desalinización de agua de mar y rindes sin precedentes. De la misma manera hay empresas que están cultivando células de animales para la producción de carnes con las cantidades adecuadas de proteínas y grasas, a velocidades de producción asombrosas y con el condimento extra de no requerir la cría intensiva y el sacrificio de animales de granja que tanto están cuestionando los movimientos ambientalistas en la actualidad. Algunos autores aseguran que estos métodos de producción, que involucran la generación de enormes cantidades de conocimiento y desarrollos tecnológicos, rápidamente desplazarán a los tradicionales, que nos han permitido sobrevivir como argentinos durante tanto tiempo.
La economía moderna global se basa en el conocimiento, los pueblos que no acepten o comprendan este concepto están destinados a depender de las condiciones externas y, los gobiernos que no acompañen políticas basadas en el conocimiento y la tecnología, serán señalados como los culpables del sometimiento y la miseria progresiva. La cuarta revolución industrial brinda una oportunidad única para subirse a la ola del progreso, para hacer foco en las PyMEs de base tecnológica y para mejorar procesos productivos incorporando robótica, informática, conectividad y conocimiento.
El sueño de un verdadero Día de la Industria Nacional es lejano todavía, pero no imposible. La República Argentina sólo tiene futuro si es tecnológico, integral, participativo y federal. Miremos hacia adelante, ya no hay tiempo que perder.

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